lunes, 5 de noviembre de 2007

Rituales antiguos para proteger a los viajeros

Los caminos, Huacuvichaca y las chanecas. Actualmente, el hecho de viajar es tomado como un acto de lo más natural e incluso casi obligatorio en épocas vacacionales. Sin embargo, en el pasado para algunas personas el dejar la seguridad de un entorno conocido era motivo de gran inquietud, pues además de lo incierto de las vías de comunicación, existía el riesgo de perderse y derivado del temor que producía lo anterior es que encontramos costumbres, que datan de gran antigüedad como es el caso del Yucatán de los mayas, quienes veneraban a Ekchuaii, dios de los caminantes, que era representado por un hombre pintado en color oscuro, los labios rojos y caídos, empuñando en la mano un bastón de mando.

Su glifo se compone de dos ojos rodeados por bandas negras que se dirigen hacia atrás, aunque también se le representaba con toda la cara pintada de negro. En el otro extremo de México, los yaquis de Sonora al perderse de el camino gritan la invocación “Chictuc Vochi’, y para saber a donde dirigirse “Hacumvichaca”.

Para los aztecas, una deidad de relevante importancia era Chihateteotl, quien vivía en Cinalco (casa de maíz), bajaba a la tierra y se divertía espantando a los viajeros, sabiéndoles al encuentro por las noches y apareciendo en las encrucijadas de los caminos.
También enfermaba a los niños de epilepsia y alejaba a los ejércitos enemigos, e incluso se relata que anticipó la llegada de los españoles a Tenochtiltlan vistiéndose humildemente y dando lúgubres quejidos.

Chihateteotl se representaba con la mandíbula inferior descarnada y el cabello largo y suelto.

En la región de Tecuanapa, estado de Veracruz, de acuerdo a la tradición habitaban unos seres poco positivos para los viajeros del sexo masculino, las Chanecas, quienes son mujeres que habitan en lo más espeso del bosque y se dedican a tratar de extraviar y distraer a los viajeros conduciéndolos a las zonas boscosas y una vez ahí, los seducen viviendo una tórrida noche de pasión para luego asesinarlos, pero existe un antídoto utilizado por los arrieros y caminantes, que consiste en ir dejando tiradas perinolas hechas con madera de cucharo (árbol utilizado para hacer cucharas), y así las Chanecas se entretienen curioseando y jugando con las perinolas, dando tiempo al viajero para escapar.

Finalmente mencionaremos que desde el virreinato, y hasta finales de este siglo, era del dominio popular una oración que tema la finalidad de servir como protección y era pronunciada antes de iniciar un viaje, tanto por pasajeros como por cocheros, postillones, arrieros, etc. Esta oración recibía el nombre de Plegaria de Protección a Los Caminantes y dice:

“Que no caiga en la bajada
ni en subida del camino
que no encuentre obstáculos
ni detrás ni delante de ellos
ni cosa que nos golpee
concédenos buenos caminos
hermosos caminos planos”.

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